Íntimos latidos Ramón Rozas

Pocas  palabras  encierran  en  tan  solo  cinco  letras  tal  cantidad  de  sensaciones. Sensaciones que ante la ausencia se desbocan de manera irrefrenable. Beatriz Ruibal ha sido golpeada por esa ausencia, y como artista ha sabido extraer de dicha experiencia una serie de conclusiones positivas, no solo para ella misma, sino, y como vemos tras recorrer esta exposición, para su propia trayectoria artística.

Al hacer de esa pérdida el objeto de su trabajo la artista da un paso al frente, una firme decisión la que toma de abrirnos su intimidad, de hacer de su compromiso con el arte el sostén que la lleva a recorrer de manera minuciosa una realidad que está a punto de evaporarse, de sucumbir en el tiempo y permanecer solo, pero afortunadamente, en la memoria. Citamos ya varios elementos esenciales a la hora de aproximarnos al trabajo de Beatriz Ruibal: tiempo, presencia, ausencia y memoria. Vectores de una disposición artística firmemente anclada en un discurso actual en el que imagen y palabra se van entrelazando. El sustento de la fotografía y la afirmación de unas letras que acompañan a todas ellas. Son palabras cosidas, creadas desde la acción a través de un hilo bordado para plasmar lo vivido y lo sentido.

Sus grandes murales, en los que se recogen los objetos de uso cotidiano: vajillas, joyas o los elementos del maquillaje (pocas piezas tan simbólicas e íntimas) son un firme rastro que simboliza esa ausencia. La persistencia de una memoria que emerge casi con fiereza a través de sendos vídeos, estremecedores por su contenido y por cómo se narra lo allí reflejado, permitiéndonos ser parte de todo aquello que fue, de todo aquello que siempre será.

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra
17 de junio del 2012

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