Beatriz Ruibal: Del tiempo y el espacio Javier Rubio Nomblot

A principios de esta década empezó a despuntar la figura de Beatriz Ruibal, una fotógrafo de acusada personalidad que ha recorrido medio mundo en busca acaso de un imposible: la presencia, que ella sabe hacer tangible con su cámara, del pasado en el presente, la pervivencia de lo eterno, la desaparición del tiempo y, en buena medida, de las reglas que rigen el espacio. La mayoría de sus fotografías muestran , de hecho, paisajes sobrecogedores por su belleza, por su grandiosidad, por la soledad y la quietud que destilan, pero retratan también las sutiles alteraciones que la artista introduce en ellos: la multiplicación de los puntos de fuga, la repetición de ciertas zonas, el cambio de punto de vista en cada una de las imágenes que componen sus impresionantes panorámicas, o la yuxtaposición de imágenes distintas, son otros tantos recursos para construir esa “ Geometría de los mundos posibles”. En las montañas y las islas de Bolivia, en la Patagonia, en el Amazonas, en los glaciares de Chile y Argentina o en las llanuras de Castilla, la cámara ha buscado el infinito, aquel lugar en el que el mundo parece terminarse o volverse sobre sí mismo; por eso, cada fotografía es la historia de una serie de líneas que fluyen, una pregunta hecha a la naturaleza.

Beatriz Ruibal se dió a conocer en la exposición “ Crisis, cultura, Crisis” que se celebró en el Círculo de Bellas Artes en 1993 y la mayoría de sus exposiciones han tenido lugar en ese foro. Sus primeros trabajos se centraban en el cuerpo y lo cotidiano y, en 1995 – año en el que obtiene una Mención de Honor en la 1ª Bienal de Fotografía de la Habana – descubre el paisaje, al que dedicará los dos años siguientes. La exposición que ahora podemos contemplar es el resultado de ese trabajo en tierras de hispanoamérica.

(El punto de las Artes, 1998)

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