Beatriz Ruibal Daniel Canogar

Abrir los ojos para luego cerrarlos. Darse la vuelta y hundir la cara en la almohada. Asomar el pié bajo el edredón para sentir la temperatura de la habitación. Bostezar, rascarse la frente, comenzar a sentir el despertar del cuerpo del largo viaje onírico de la noche. “ 365  días “ de Beatriz Ruibal explora ese momento ambiguo entre el sueño y la vigilia por el que pasamos todos cada mañana. En este paréntesis existencial entre un estado y otro, en el que la mente aún funciona ralentizada por los sueños que arrastra la noche, es donde Beatriz Ruibal coloca su ojo fotográfico. Cada mañana , a lo largo de 365 días la fotógrafo se dispara a sí misma nada más despertar. Sus imágenes son como los espejos de los cuartos de baño, el primer encuentro con nuestra imagen cada mañana, en la que a veces nos reconocemos, otras no.

La parrilla fotográfica que compone la serie final de 365 días incide en los ciclos vitales de la vida. Ojos abiertos, ojos cerrados; luz y oscuridad; día y noche. Sin embargo, Beatriz Ruibal se sitúa en el umbral entre uno y otro. Sabemos que está despierta, pero en la mayoría de las imágenes tiene los ojos cerrados; es el amanecer, pero no vemos directamente la luz solar.

Son las transiciones lo que mas parece interesar a Beatriz. El constante fluir del tiempo en el que angustiosamente sentimos perdernos, queda aquí estructurado como un calendario. Descubrimos la necesidad de ordenar el tiempo, para poder medirlo, y así ubicarnos a nosotros mismos en su intangible transcurrir. La fotografía es la herramienta elegida para plasmar este proceso. La congelación de  la instantánea aparece como una resistencia a la caducidad inherente a nuestra existencia, una constatación material de que realmente existimos.

En otra serie posterior, “ La brújula del cuerpo “, Beatriz Ruibal sigue explorando el reposo, el descanso y el lugar de ensueño a través de 20 fotografías de habitaciones de hotel. Una vez más predomina un interés por la cama como espacio simbólico de reposo, de ensoñación , pero también de enfermedad y de muerte. Si en la serie “ 365  días “ Beatriz Ruibal se centra en el despertar de cada día, que entorna su ojo hacia otro tipo de transición: la que representa el espacio anónimo de la habitación de hotel, lugar de paso cuya decoración intenta simular un hogar lejos del hogar. Este es el espacio solitario del viajante, que nunca se acuesta en el mismo lugar donde ha amanecido. Sus sueños parecen fundirse con los cientos, quizás miles de seres que anteriormente han reposado sus cabezas sobre la misma almohada. Las huellas que los cuerpos durmientes dejan sobre las sábanas recuerdan a las impresiones lumínicas sobre la emulsión fotográfica. Nuestros ojos descansan sobre las fotografías-lechos de Beatriz Ruibal, reposo necesario para orientarnos en un mundo de pura transitoriedad.

Daniel Canogar, junio del 2000.

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